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¿Por qué necesito un seguro de vida?

Un seguro de vida aporta tranquilidad personal y seguridad financiera a ti y a tus seres más queridos. Te aportará calidad de vida y conciliarás mejor el sueño, sabiendo que al contratar un seguro de vida, las personas que más quieres quedarán siempre protegidas.

Un seguro de vida te permitirá:

- Pagar tu hipoteca

- Mantener y mejorar la calidad de vida de tu familia

- Pagar la educación universitaria de tus hijos

- Garantizar un plan de pensiones

 

¿Cuánto cuesta un seguro de vida?

Actualmente, puedes contratar un seguro de vida por menos de lo que gastas a diario tomando un café o un agua. Pagarás menos por tu seguro de vida mientras más joven y saludable seas.

En otras palabras, el objetivo principal de contratar un seguro de vida es garantizar una seguridad financiera a tus seres más queridos.

Ante un fallecimiento, la póliza de vida es cobrada por los beneficiarios en efectivo y está libre de impuestos. El tipo de seguro de vida a contratar depende de las condiciones personales de cada individuo. Contratar un seguro de vida es demostrar tu amor y protección a las personas que más quieres.

A continuación, Rainer Hobrack comparte tres historias sobre la importancia del seguro de vida y, cómo el estar asegurado, marca una gran diferencia.


1. Debería haber contratado un seguro de vida antes de quedar embarazada.

Conocía de antemano que el tener a nuestro primer hijo supondría contratar un seguro de vida; estar asegurados se había convertido en el objetivo principal de mi marido y yo. Consultamos diferentes aseguradoras y terminamos contratando una póliza, a muy buen precio. Después de contratarla nos realizaron varios exámenes médicos. Imaginad la sorpresa que nos llevamos, cuando unas semanas más tarde, un agente de la compañía aseguradora nos llamó para comunicarnos que el precio de nuestra póliza había sido incrementado hasta 4 veces el precio inicial, debido a que nuestro nivel de colesterol era elevado. Preocupada, consulté a mi médico de cabecera y su respuesta fue: “los niveles de colesterol en sangre siempre aumentan durante el embarazo y probablemente, no se reduzcan hasta pasados unos meses después del parto”.

La lección que aprendí fue que debí contratar una póliza antes de quedar embarazada, para evitar pagar más por cualquier cambio físico temporal sufrido durante el embarazo. En algunas compañías aseguradoras, el hecho de aumentar de peso durante el embarazo no afecta al precio de la póliza, en cambio, otros factores como presión arterial alta o depresión post-parto, sí aumentarán considerablemente el precio del seguro.

Mi hija, actualmente, tiene tres meses de edad y aún estoy esperando a que mis niveles de colesterol vuelvan a la normalidad. Me hubiera gustado haber previsto estos problemas, antes de haber iniciado el proceso de contratación del seguro de vida, así hubiera podido ahorrar una gran cantidad de dinero.


2. Mi esposo quería contratar un seguro de vida, yo no deseaba pensar en la posibilidad de morir.

Cuando me casé con José en 1978, tenía 21 años. Nunca imaginé que luego enviudaría con apenas 26 años y que tendría un bebé de 9 meses que mantener y cuidar completamente sola.

Tan pronto quedé embarazada, José comenzó a sugerir que necesitábamos un seguro de vida –a mí no me convencía la idea. En aquel entonces solo tenía 24 años, pero José, en cambio, estaba pensando como un adulto. No solo se debía a que yo fuera muy joven y con poca experiencia en la vida; el mero hecho de contratar un seguro de vida sonaba espeluznante y de mal augurio. Nuestro hijo aún no había nacido, estando embarazada no quería pensar, ni por casualidad, en la posibilidad de morir.

José falleció un Martes del mes de Marzo. La semana anterior, lo habíamos estado pasando muy bien juntos los dos. El día antes de su muerte, mi vecina nos visitó y vimos un programa en la televisión. José se sentó con nosotras, pero al cabo de unos minutos, se fue a dormir y yo le acompañé un poco más tarde.

A la mañana siguiente, José marchó muy pronto a trabajar, sin despedirse. Realmente no sé si me besó mientras dormía. Yo ese día tenía cita en la peluquería que estaba justo enfrente de casa. Recuerdo que me estaba preparando para salir, cuando escuché el timbre de la puerta. Abrí y era mi hermano Pedro, que al igual que José era un obrero de la construcción. Me miró y me dijo: “Cati, tenemos que marchar”. Yo enmudecí y lo primero que pensé fue en José, mi marido .

Salimos de la casa conduciendo a toda prisa hacia el hospital. En el coche le pregunté a mi hermano “¿Es grave?”

Mi hermano que apenas podía hablar, sujetó con fuerza mi mano sin decirme nada más.

Cuando llegamos a Urgencias, algunos de sus compañeros de trabajo estaban en el pasillo.–fue entonces cuando temí lo peor.

Mi historia es un testimonio de esos que nunca crees que te puede pasar a ti, pero pasó. Independiente de la edad que tengas, contratar un seguro de vida se convierte en algo esencial, ahora lo veo.

En aquella época, jamás quise pensar en contratar un seguro de vida, pero por suerte y la de nuestro hijo, mi esposo sí lo hizo.


3. El Seguro de Vida ha protegido a mi familia.

Mi familia y yo teniamos una vida bastante acomodada en 1989. Mi padre tenía un gran sueldo siendo presidente de una compañía de marketing. Además, recibía ingresos extras prestando sus servicios como consultor de negocios. Mi madre era ama de casa y se ocupaba de cuidarnos, a mi hermana y a mí.

Ella no había trabajado desde 1980, fecha en la que nació mi hermana.

Mi madre gestionaba el presupuesto familiar, el papeleo de la hipoteca de nuestra nueva casa y pagaba los recibos. En aquel tiempo, estuvo revisando las coberturas del seguro de vida que tenía mi padre con la empresa. Muchas pólizas básicas para empleados solo cubren con una cantidad bastante baja, insuficiente para sustentar a una familia completa, durante un largo período de tiempo. A raíz de esto, mi madre estuvo calculando cuánto dinero necesitaríamos para vivir en caso de que surgiese algún problema en nuestras vidas y contrató un seguro personal que le cubriera a mi padre y un seguro de vida para ella, con el objetivo de financiar los estudios universitarios de mi hermana. Lo que desconocía mi madre, en aquel entonces, es que había tomado la mejor decisión de toda su vida.

Años más tarde, mi madre estaba en casa de mi abuela subida a una escalera de mano, cuando de repente, se sintió mareada y tuvo que acostarse.

Mi abuela interpretó como señal de mal augurio el estado físico de mi madre. Aproximádamente al mismo tiempo, desde el avión en el que viajaba mi padre, habían avisado por radio al aeropuerto, que el motor del ala derecha se había dañado y el avión estaba cayendo en espiral. El informe oficial corroboró los daños sufridos por el avión que quedó totalmente destruido.

Su vida acabó aquel día, pero sigo conservando muy buenos recuerdos de mi padre. Recuerdo a mi madre preguntando unos meses más tarde de qué color íbamos a pintar mi habitación, rápidamente, contesté: “¡Rosa!”

Recuerdo de pequeña a mi maestra, la señorita Rosa, del colegio privado al que asistí, donde aprendí muchas cosas sobre los capullos de las mariposas y cómo deletrear la palabra “gato”. Recuerdo andar de la mano con mi hermana de camino a casa de nuestros abuelos, donde solíamos cenar todos juntos. Recuerdo a mi madre presionar las teclas de su calculadora de escritorio y el sonido “chit, chit, chit” de la impresora de papel de la calculadora y cómo mi madre nunca miraba los resultados de las cuentas con ansiedad o miedo.

Sin haber contratado un seguro de vida, nada de esto hubiera sido posible. 



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